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La revolución científica que alteró nuestra imagen en el espejo

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 Según la visión de Thomas Kuhn [1] , una ciencia avanza de dos maneras. En la mayor parte del tiempo lo hace de una forma sosegada, pausada, metódica. Entonces se dedica a responder las preguntas que forman parte de su ámbito de trabajo protegida bajo el paraguas de una concepción amplia y asentada en cuanto al campo de estudio como con relación a las herramientas que utiliza para avanzar. El paraguas es, en realidad, una metateoría a la que Kuhn denominó “paradigma científico”. Esos son los periodos de “ciencia normal”. Pero, en algunas ocasiones, el habitual panorama tranquilo se agita debido a la aparición de una aportación radical que reta el dominio absoluto del paradigma dominante. Se abre entonces un periodo revolucionario en el que se dirime la trayectoria futura a seguir. Se trata de dilucidar si el paradigma previo se mantiene o se produce una sustitución que modificará el comportamiento general de la ciencia afectada. Kuhn, que era físico de formación, veía en Copérnico

Por una revolución sostenible que nos lleve a la cuarta cultura

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Con las revoluciones neolítica e industrial, la humanidad cambió su percepción del mundo y de sí misma.  Hoy, enfrentados a la crisis socio ambiental, necesitamos una tercera revolución cultural que, tras la visión de los cazadores-recolectores, la de los agroganaderos neolíticos y la de las actuales sociedades industriales, nos permita recuperar la viabilidad de la sociedad global sin renunciar al bienestar.  Una revolución nacida de la interacción entre la ciencia y la ética modernas.  Una cuarta cultura basada en la sostenibilidad de la especie humana en el planeta.