LA CIENCIA Y EL MEDIOAMBIENTE. Capítulo 1: El medio ambiente

 




PRESENTACIÓN  

En el año 2000 publiqué “El teatro de la ciencia y el drama ambiental”. Como indicaba en el prefacio de la obra, el título era un homenaje al ecólogo G. Evelyn Hutchinson inspirado en el título de su obra “El teatro ecológico y el drama evolutivo”. Señalaba entonces que si en la obra de Hutchinson el teatro era identificado como el escenario donde transcurre la acción evolutiva, la pretensión de “El teatro de la ciencia y el drama ambiental” era llevar la identificación a la aventura del conocimiento que supone la ciencia y, en particular, a la representación de un drama que interesa sobremanera conocer para paliar: la crisis ambiental. La metáfora, pues, estaba servida, e indagando en ella podíamos seguir la pista de los autores, escenarios, actores, tramoyas y tramas que implica toda obra teatral.

Así, se indicaba, las ciencias ambientales serían el joven autor teatral que propone una nueva obra en la que buscaría representar (léase interpretar, comprender) el medioambiente y la crisis ambiental de la forma más satisfactoria y adecuada que exigen las necesidades actuales. La obra sería, pues, el medio ambiente. El escenario, los sistemas naturales en los que discurre todo, pues también nosotros, las sociedades humanas los habitamos. El protagonista central, nosotros mismos. Las interacciones e intercambios entre humanos y geoecosistemas serían algunos de los elementos destacados de la trama, incluyendo los factores de riesgo que derivan de los procesos naturales, especialmente cuando se ven alterados o interferidos por las acciones humanas. La trama desencadena en la crisis ambiental, el momento de mayor dramatismo de la obra (en el que actualmente estamos inmersos), para la que se prefiguran posibles correcciones urgentes, aunque insuficientes, ya que solo se vislumbra una salida definitiva: el cambio de argumento del núcleo de la obra, una forma nueva de relación entre la humanidad y la naturaleza. Un cambio de guión.

Esa conclusión es, precisamente, la base argumentativa de “La cuarta cultura”, libro que publiqué en 2023 sugiriendo la necesidad de una nueva cultura global, tras las previas, definidas por las formas de vida cazadora-recolectora, agroganadera neolítica e industrial. Una nueva cultura capaz de superar la crisis ambiental global en que nos encontramos y que vendría definida por una forma de relación con el planeta auténticamente sostenible, es decir, mantenible dentro de los límites ambientales e inspirada por un modelo de desarrollo social cualitativo y no de mero crecimiento cuantitativo y desigual.

Tras escribir “La cuarta cultura”, volví a releer el contenido de “El teatro de la ciencia y el drama ambiental”, advirtiendo la pertinencia y vigencia de sus postulados básicos, por lo que decidí revisarlo y actualizarlo para ofrecerlo en una versión por capítulos y abierta a los aires libres del espacio digital. 

 

Jose Antonio Pascual Trillo

 

 

 

1. Una obra compleja:

 

EL MEDIO AMBIENTE

  

Así, el concepto de "medio ambiente" suele encerrar preferentemente una noción de equilibrio entre los factores, elementos y conexiones naturales del "medio físico". Por ello, abarca todos los componentes, estados y dinámicas de la naturaleza, aunque, menos frecuentemente, hace también referencia al "medio social". Por "medioambiental" parece entenderse, pues, tácitamente, de modo principal lo que concierne a los elementos y recursos naturales, su posible deterioro y su conveniente defensa.

 

Eduardo Martínez de Pisón

Catedrático de Geografía Física

Universidad Autónoma de Madrid

 

 

La definición del medio ambiente y su interpretación científica.

 

Los problemas de la degradación de la naturaleza, la contaminación o el deterioro del paisaje y de los sistemas ecológicos, y las consecuencias de todo ello para las condiciones de vida de los seres humanos han consolidado el uso del término "medio ambiente" en los medios de comunicación, el habla popular o la ciencia. Convivimos diariamente con él, pero no siempre lo empleamos con el mismo sentido o con idéntico rigor. De hecho, a menudo puede resultarnos difícil precisar qué es lo que realmente entendemos o queremos decir exactamente al utilizarlo.

 

Medio ambiente es un término compuesto de dos palabras con similar significado en el idioma castellano; en términos técnicos: un pleonasmo. Ambas palabras ("medio" y "ambiente") contienen ideas semejantes. De hecho, si hojeamos el Diccionario de uso del español, de María Moliner, comprobaremos que la voz "medio" nos remite a la de "ambiente". Etimológicamente, "ambiente" (del latín ambiens ambientis) quiere decir "circundante", formándose por la anteposición del prefijo amb (que quiere indicar "alrededor") al verbo ire ("ir"); es decir: "ir alrededor". Este diccionario nos acaba definiendo "medio ambiente" como el "conjunto de condiciones que influyen en el desarrollo y actividad de los organismos".

 

En otras lenguas, sin embargo, el mismo concepto aparece recogido en una sola palabra. Es el caso del environnement francés, o del environment inglés.

 

Conceptualmente, la noción científica del "medio ambiente" ha evolucionado de una forma relevante. Inicialmente, el término fue empleado con el fin de expresar un concepto relativo: se buscaba hacer referencia a lo que rodea e influye a un organismo o a una persona. Se partía, pues, de algo o de alguien utilizado para referir a su costa el medio ambiente. Hablamos del "medio ambiente de un organismo o persona". Este enfoque comparte la noción y el significado de otro término paralelo: el "entorno". En muchas ocasiones utilizamos medio ambiente desde esta perspectiva relativa. Una definición que recoge bien esta idea es la aportada ya hace bastante tiempo por el prestigioso geógrafo anglosajón O'Riordan:

 

"Conjunto de fuerzas e influencias que actúan sobre un organismo y en relación con las cuales, ese organismo es capaz de reaccionar y en consecuencia de actuar ([1])"

 

Partiendo del mismo enfoque, otro geógrafo, en este caso de la Universidad de Palma de Mallorca, Bartolomé Barceló i Pons, observa el medio ambiente desde su relación con las colectividades humanas que son, en este sentido, los elementos referenciales para su definición:

 

"El concepto de medio ambiente se define en relación con los grupos humanos que lo perciben, lo ocupan o lo configuran ([2])"

 

Sin embargo, paulatinamente, el término "medio ambiente" se ha ido despegándo de ese primer enfoque que lo entiende como dependiente de algo o de alguien, para llegar a convertirse en un concepto autónomo, no necesitado de referentes. Así, hoy es frecuente hablar de "medio ambiente" sin que sea indispensable establecer previamente el elemento, organismo o factor de cuyo "medio ambiente" hablamos.

 

Para el también geógrafo Eduardo Martínez de Pisón, "la noción -redundante- de medio ambiente hace referencia al carácter ecológico del espacio"; una opinión que fue expresada en el marco de una explicación de las relaciones entre "los entendimientos geográficos de medio ambiente, territorio y paisaje" ([3]). Según Martínez de Pisón, hay un momento de inflexión medioambiental en el pensamiento geográfico, entre los años sesenta y setenta, que estuvo encabezado por destacados autores, como Manuel de Terán, en España, y Pierre George, Jean Tricart y George Bertrand, en Francia. Esa inflexión se generalizó y tuvo influencia en muchas de las ciencias ligadas al medio ambiente. En ello tuvo mucho que ver la progresiva consolidación de los aspectos más sistémicos de una de las ciencias sobre las que se asienta gran parte de la aproximación científica al medio ambiente. Me refiero a la ecología.

 

También en un principio, la ecología se definió en función de un organismo. Así se recoge en la "presentación en sociedad" de esta disciplina propuesta por Haeckel en 1868, quien la encuadró dentro del campo de la biología como la "ciencia de las relaciones del organismo con el medio" ([4]). Hoy día, sin embargo, la ecología se define básicamente a través de la noción de otro concepto: el del ecosistema. La ecología es la "biología de los ecosistemas" en la propuesta de Ramón Margalef ([5]); quien añade: "el nivel de referencia, por tanto, no es ni el conjunto de átomos, ni el de moléculas, ni el de células, sino el nivel de organización cuyos elementos constitutivos esenciales son individuos de distintas especies". Los ecólogos modernos harán de esta disciplina la "ciencia de los ecosistemas", desligándola algo más de su matriz biológica inicial.

 

La independización progresiva de la ecología de la referencia obligada al individuo o a la especie (la definición de Haeckel ha quedado reducida a lo que algunos denominan como "autoecología”) ha llevado a los ecólogos a centrarse en ese objeto de estudio que se conoce como ecosistema. El ecosistema se conforma como una entidad compleja cuya comprensión y modelización se constituye en objeto de investigación y estudio, sin que para definirlo o delimitarlo sea obligado partir de un elemento u organismo (o una especie) concretos, aunque no sea infrecuente que para su delimitación se conceda mayor peso a unos factores u organismos que a otros.

 

Esto mismo es lo que ha ocurrido en la evolución del concepto de medio ambiente. De sus inicios como concepto relativo o entorno de "algo", el medio ambiente ha ido adoptando un significado propio y autónomo, aunque sin perder la capacidad de recuperar ocasionalmente su primera acepción condicionada ("el medio ambiente" de "algo"). Así, constituye en la actualidad un término polisémico o dotado de varios significados, todos ellos ciertamente relacionados.

 

De este modo, el medio ambiente se ha aproximado en muchos sentidos a la noción de ecosistema, aunque dotado de una componente mayor de inclusión de todo aquello que tiene que ver con lo artificial, social, cultural o humano. En la práctica, muchos autores prefieren el uso del término ecosistema cuando se requiere poner énfasis en los componentes naturales, mientras que se destina con preferencia el término medio ambiente para referir cualquier tipo de sistema socionatural, particularmente si estamos interesados en advertir los efectos de las actividades humanas. En todo caso, es posible encontrar todo tipo de usos de estos términos por parte de diferentes autores y textos: ecosistemas naturales o ecosistemas urbanos, medio ambiente selvático o medio ambiente urbano-industrial, etc.

 

Es interesante constatar que el término "medio ambiente" aparece desde hace tiempo entre los más utilizados tanto por científicos como por periodistas, a la par que sigue manteniendo una definición poco precisa. No es necesariamente un motivo de preocupación, ya que su valor reside precisamente en su propia ambigüedad que lo hace muy versátil y complejo. Coincide esta idea con la expresada hace bastantes años por Francisco López Bermúdez, catedrático de Geografía Física de la Universidad de Murcia y reconocido experto en cuestiones ambientales:

 

"muy recientemente, sin embargo, se registra un avance positivo, es precisamente el tema del Medio Ambiente el que constituye una de las más interesantes áreas interdisciplinares desarrolladas en la actualidad, y ello está dando lugar a un progreso importante debido a la convergencia de conceptos, técnicas, métodos y principios procedentes de ámbitos científicos con frecuencia alejados. En los últimos años parece que se está gestando un ámbito científico propio donde el Medio Ambiente está siendo abordado de una manera global, lo que permite una aproximación más racional a nuestro entorno medioambiental ([6])"

 

Ese campo del que nos hablaba López Bermúdez es el que se viene construyendo desde hace tiempo con el afianzamiento de las ciencias ambientales como campo epistémico interdisciplinar para unos y transdisciplinar para otros. Un ámbito que busca interpretar, comprender y modelizar ese concepto amplio y versátil del medio ambiente, así como analizar y enfrentar la crisis ambiental y los llamados problemas ambientales, prediciendo su evolución y las características de su devenir ante las actividades humanas, proponiendo modelos alternativos de desarrollo y de relación entre la humanidad y la naturaleza, todo ello con el fin de reducir, limitar y controlar las disfunciones ambientales generadas por las sociedades humanas. Se trata, pues, de un campo científico que aúna contenidos y procedimientos que provienen de diversas disciplinas científicas, tanto físico-naturales como sociales, y a las que se ha ido añadiendo un espacio propio coherente en el que predomina un enfoque de caracter sistémico. Es, pues, un área del conocimiento que trata de amparar el saber, la investigación y la actuación relativos al medio ambiente. El economista Luis Jiménez Herrero lo ha descrito del siguiente modo:

 

"Y aquí surge con fuerza la noción del ambiente como sistema complejo de interrelaciones inertes, vivas y socioculturales que nos proporciona una nueva dimensión científica bajo el concepto de ciencia del ambiente o ciencia ambiental ([7])"

 

Tal vez en la evolución de las ciencias ambientales podamos advertir tanto la dificultad que supone construir herramientas, significados y un "lenguaje común" para constituir un nuevo campo epistemológico, como las resistencias e intereses reactivos que las innovaciones generan en los defensores de las "ortodoxias" asentadas en algunos de los campos disciplinares relacionados. Algo, por otra parte, que ha sido una tónica habitual en la historia de las ciencias y en sus "revoluciones", como las llamó Thomas Kuhn ([8]).

 

Dada la heterogeneidad de las acepciones del término "medio ambiente", con un cierto esfuerzo de síntesis podríamos acordar clasificar las definiciones de medio ambiente en tres grupos:

 

-        Un primer tipo de definiciones engloba aquellas que poseen un carácter amplio y algo indefinido, que en ocasiones recurren a expresarse mediante sinónimos o metáforas, o, por el contrario, a relatar de forma exhaustiva los elementos o componentes. Son definiciones como: "marco o entorno vital" o "Conjunto de agentes físicos, químicos biológicos y de los factores sociales susceptibles de causar un efecto directo o indirecto, inmediato o a plazos, sobre los seres vivos y las actividades humanas".

 

-        Un segundo tipo de definiciones son las que parten de un carácter relativo a algo que les sirve de referencia: "conjunto de fuerzas o condiciones externas que actúan sobre un organismo, población o comunidad" o "entorno que influye o condiciona a un organismo o conjunto de organismos".

 

-         El tercer tipo recoge las definiciones de tipo sistémico: "sistemas multidimensionales de interrelaciones complejas en continuo estado de cambio", "sistema que influye en el sistema considerado y, a su vez, recibe la influencia de éste" o "universo de un sistema abierto".

 

Claro que siempre es posible encontrar situaciones híbridas entre las categorías anteriores.


Complejidad y simplicidad

 

Antes comentamos que el medio ambiente es un concepto poco definido y algo ambiguo, y que parte del problema tiene que ver con su carácter complejo. Pero ¿qué entendemos por complejidad?

 

El estudio de lo complejo inauguró un campo de investigación apasionante. Jorge Wagensberg, físico de la Universidad de Barcelona e influyente divulgador científico, decía al respecto de este ámbito lo siguiente:

 

"las preocupaciones fundamentales son dos: el cambio y la relación entre los todos y las partes. La primera se refiere a la estabilidad y la evolución, la segunda a la estructura y la función. Tales preocupaciones mueven en realidad mi quehacer diario como físico y, de momento, no siento el menor temor a quedarme sin estímulos. Pero soy consciente de que todo ser pensante, aunque no lo sea de oficio, intenta conocer la complejidad y, sobre todo, que existen otras formas de conocimiento con el mismo lícito y complejo propósito ([9])"

 

Lo complejo ha sido un atractor intelectual para muchos físicos, entre ellos el Premio Nobel y co-descubridor de los quarks, Murray Gell-Mann, quien empleó el término de "complejidad bruta", que entendía como:

 

"la longitud del mensaje más corto que describe un sistema, con una resolución dada, dirigido a un interlocutor distante y haciendo uso de un lenguaje y un conocimiento del mundo que ambas partes comparten (y saben que comparten) de antemano ([10])"

 

Gell-Mann trató de cuantificar la complejidad utilizando la informática. Propuso medirla mediante el tiempo que requiere un ordenador para resolver un problema determinado. No obstante, reconocía que

 

"probablemente no existe un único concepto de complejidad que pueda captar adecuadamente nuestras nociones intuitivas. Puede que se requieran varias definiciones diferentes, algunas quizá todavía por concebir"

 

La complejidad es una idea intuitivamente cómoda e incluso demasiado fácil de utilizar, pero, a la vez, muy difícil de precisar y acotar. La longitud de su mensaje descriptivo más corto sería, siguiendo la idea aportada por Gell-Mann, bastante larga.

 

No osaré tratar aquí de desentrañar los interiores de la complejidad. Tan sólo advertiré que el medio ambiente y lo ambiental gozan y sufren de las características propias de lo complejo y que, por ello, presentan, al igual que ocurre en el caso de su acotamiento definitorio, una dificultad notoria a la hora de someterse a las formas habituales de "comprensión" o enfoque que la cultura científica ha desarrollado con particular éxito. Así, se adapta mal a muchas estrategias de formalización convencional, es decir, se encuentra poco cómoda frente a formulaciones cortas y precisas.

 

Una de las ideas inherentes a lo complejo reside en que las relaciones entre la totalidad (o las totalidades) y sus partes no resultan demasiado claras. Lo evidente en este sentido es que la adición no sirve como única explicación para ir de las partes al todo, es decir, el todo no es, simplemente, la suma de las partes. Aplicado al tema concreto del medio ambiente, diremos que no es posible comprenderlo estudiando “tan sólo” cada una de sus partes aisladamente. O, dicho de otro modo: las ciencias ambientales no pueden ser sólo la suma de los conocimientos de cada ciencia particular encargada de estudiar un aspecto concreto (una parte) de ese medio ambiente que se pretende comprender.

 

Topamos así con un escollo: cuando nos enfrentamos con algo complejo (con una "totalidad" no resumible a la suma de sus partes), lo hacemos ante algo que goza de ciertas características globales propias, dotadas de "propiedades emergentes" que pertenecen a la totalidad y no se deducen del estudio de las partes. Nos enfrentamos, pues, a lo que Bertalanffy ([11]) acotó conceptualmente bajo el término de "sistema". En concreto, el medio ambiente entra en la categoría de los "sistemas complejos".

 

Los sistemas

 

Ludwig von Bertalanffy definió el sistema como "conjunto de elementos en interacción". Su definición nos aporta, además, información sobre los aspectos o características fundamentales de los sistemas:

 

1. Los "elementos", que son la representación simbólica de los constituyentes del sistema.

 

2. Las "relaciones" o "interacciones", que pueden ser de diferentes tipos, uniendo o relacionando los elementos entre sí, y constituyendo redes más o menos arduas.

 

 

De estas dos características se deduce una tercera: la existencia de "límites" en el sistema. Dado que hay elementos internos al mismo -y se ha de suponer que otros lo serán externos a él- han de existir unos límites (que pueden ser físicos o conceptuales) que separan unos de otros, es decir, que delimitan el sistema.

 

Elementos, relaciones y límites constituyen las "características estructurales de los sistemas"([12]). Se trata de los componentes que arman la "estructura" de los sistemas.

 

Se ha dicho ([13]) que algo, para ser considerado un sistema, debe reunir dos condiciones. La primera, que se comporte, al menos en algunos aspectos, como un todo; es decir, que reúna propiedades propias como tal totalidad. La segunda, que su comportamiento varíe cuando varía alguno de sus componentes. Totalidad y comportamiento ligado a esa totalidad serían, pues, las condiciones inherentes a los sistemas.

 

Tipos básicos de sistemas: los abiertos y los cerrados

 

El hecho de existir límites en los sistemas abre la posibilidad de realizar una clasificación muy básica con ellos. Así, podemos hablar de sistemas "abiertos" y de sistemas "cerrados", en referencia a su entorno. Son abiertos cuando reciben influencias directas del entorno en el interior del sistema y viceversa; cerrados, en el caso contrario.

 

Esta clasificación simple debe ser, sin embargo, precisada: se trata de una decisión que depende del enfoque con el que abordemos el estudio del sistema y de nuestros objetivos de conocimiento o aplicación. En realidad, de forma absoluta, el único sistema verdaderamente cerrado sería el Universo.

 


Gráfico 1.1. Flujo de materia y energía en el sistema Sol - Tierra

 

 De forma aplicada, podemos definir si el sistema es abierto o cerrado en función de los flujos que nos interese escrutar. Así, la Tierra como ecosistema global sería un sistema básicamente cerrado si atendemos a los flujos de materia (no entra ni salen cantidades significativas de materia), pero será abierto en lo relativo a la energía. Esto puede parecer razonable para muchas aproximaciones al estudio sistémico de la Tierra, pero debe advertirse que también puede llevar a errores considerables en otras, como ocurre si ignoramos que la entrada relativamente anecdótica de materia en formna de un meteorito tuvo mucho que ver con la drástica variación de la diversidad y composición biológica del planeta hace unos 65 millones de años, por ejemplo ([14]). Se trata, pues de una clasificación que debe resultar útil para el obejtivo pretendido, pero que hay que saber aplicar y administrar con prudencia y relatividad.

 

Atendiendo a la diferencia entre los flujos de materia y energía, vemos que algunos autores prefieren hablar de sistemas aislados si no hay intercambio de ninguno de ellos; de cerrados si hay intercambio de energía, pero no de materia; y de abiertos cuando se intercambian ambos.

 

Dinámica de sistemas

 

Muchos sistemas se caracterizan porque sus estructuras determinan su dinamismo, es decir, su funcionalidad, lo que atañe a la posible evolución del sistema. Son los sistemas dinámicos, que incluyen desde las máquinas hasta los organismos vivos. Se suele definir en ellos ciertas "características funcionales" que podemos resumir en unos pocos componentes funcionales básicos. En síntesis, casi todos se pueden reducir a dos tipos ("niveles" y "flujos"), pero una clasificación menos restrictiva sería la siguiente:

 

- Flujos de materiales

- Flujos de energía

- Flujos de información

- Válvulas de control de los flujos

- Niveles

- Retardos

 

Como su nombre indica, estas características funcionales condicionan la forma de funcionar del sistema, constituyendo, además, lo que podríamos considerar como "unidades funcionales". Repasamos cada una de ellas:

 

Los flujos de materia o de materiales son las redes de movilización posible de los materiales entre unos compartimentos y otros. En el caso de un ecosistema, por ejemplo, estaríamos hablando fundamentalmente de los ciclos biogeoquímicos. En el caso de un sistema urbano, serían la conducción del agua, las vías de transporte de mercancías, la evacuación de residuos, etc.

 

Los flujos de energía son las redes de movilización de la energía. A diferencia de la materia, la energía se degrada en esa movilización. De hecho, en un ecosistema, los flujos de energía son típicamente disipativos (lo que quiere decir que la energía se disipa, es decir, se va gastando), lo que es una consecuencia de las leyes de la termodinámica. En puridad, no se trata de una disipación absoluta, sino de una pérdida de las formas "útiles" de la energía, que pasan a engrosar la entropía o formas degradadas de energía. Una consecuencia de esta disipación en los flujos de energía es la limitación del número de jerarquías o niveles que puede haber en una red trófica de cualquier ecosistema (casi nunca hay más allá de cuatro o cinco niveles jerárquicos: productores, consumidores 1º, consumidores 2º, descomponedores…).

 

Un tercer flujo es el de la información. Se trata del flujo de comunicación más sutil, para el que disponemos de herramientas de manejo más difíciles, a pesar de que en las últimas décadas se ha avanzado mucho en la medición de la información gracias al campo de estudio de la información generado a partir de las propuestas iniciales de Shannon y de otros autores.

 

Todos los flujos anteriores discurren a través de redes de comunicación reguladas por válvulas de control que permiten modular la intensidad de los flujos. Existen, pues, elementos de regulación y control.

 

Los niveles son "territorios" del sistema donde se produce la acumulación de la materia, energía o información que circula por las redes de comunicación en forma de flujos que suelen estar regulados por válvulas y, en ocasiones, retardos. Los niveles son, además, y en general, puntos de información desde los que nacen canales de comunicación que permiten actuar sobre otras partes del sistema.

 

En los sistemas pueden exitir también mecanismos de retardo que influyen de forma importante en su dinámica y función. Los retardos se producen cuando se produce un lapso entre la actuación de un controlador y la materialización de su respuesta, o entre un suceso y la llegada de la información sobre él al controlador. Un ejemplo fácil es el retardo que se produce entre el mecanismo medidor de la temperatura y el regulador de la calefacción en un termostato. Dependiendo de la amplitud del retardo se derivan dinámicas de funcionamiento muy distintas, con oscilaciones, equilibrios, divergencias, etc.

 

En la modelización de un sistema dinámico suelen intervenir también otros componentes como los siguientes:

 

Las nubes, que son fuentes o sumideros infinitos (a la escala o nivel de interés del analista y porque se comportan como tales para los objetivos del modelo).

 

Las variables externas al sistema modelizado, también llamadas exógenas.

 

Las variables auxiliares y las constantes.

 

Todos ellos son componentes que pueden responder a factores funcionales más complejos, pero que, para el modelo de sistema dinámico construido, se comportan de forma razonablemente conforme con unas características que lo asimilan a alguno de los tipos anteriores.

 

La relación y articulación de los caracteres funcionales de un sistema determinan las cadenas de causalidad, círculos de influencia o bucles de retroalimentación ("feedbacks"), que, en cierta manera, pueden definirse como "unidades funcionales". A través de ellas, los niveles, flujos, válvulas y retardos componen unidades de comportamiento propio y definido.

 

La ciencia que estudia el comportamiento y modelización funcional de los sistemas (la dinámica de sistemas) ha desarrollado una simbología propia para cada uno de esos componentes de los sistemas dinámicos, lo que facilita la construcción de diagramas que reflejen la estructura funcional del sistema. Esta simbología nació de la mano de Jay W. Forrester, considerado el "padre" de la dinámica de sistemas por haber desarrollado toda una metodología que puso al servicio del primer gran modelo elaborado para simular nada menos que el comportamiento del mundo en la forma de un gran sistema dinámico. Ese fue punto de partida para el informe que lideró Donella Meadows por encargo del Club de Roma y que, bajo el nombre de "Los límites del crecimiento"([15]), alertó sobre las consecuencias del abuso de los recursos al modelizar formalmente, por primera vez, la imposibilidad de un crecimiento indefinido en el uso de los recursos naturales. Posteriormente, el equipo de Meadows ha presentado nuevas actualizaciones del modelo basado en la dinámica de sistemas y sus consiguientes informes ([16]), corrigiendo y actualizando los modelos anteriores. A pesar de la polémica y las críticas sobre el ciumplimiento de las previsiones, siempre sometidas a nuevos datos y al mejor afinamiento de los modelos, el impacto e influencia en el pensamiento ambiental de Los limites del crecimiento son indudables ([17]).

 

Los símbolos que ideó Forrester para cada uno de los componentes de los diagramas que llevan su nombre y que explican el funcionamiento de los sistemas dinámicos se ofrecen en el siguiente gráfico.

 

Gráfico 1.2. Simbolos de los diagramas de Forrester

 

El ejemplo más empleado para expresar el sentido de un sistema dinámico modelizado mediante un diagrama de Forrester es el que el mismo Forrester denominó como símil hidrodinámico, una metáfora entre el sistema dinámico y un esquema de compuertas, canales y estanques de agua. De hecho, la mayoría de los términos empleados en la dinámica de sistemas ("niveles") derivan terminológicamente de ese símil.

 

El símil hidrodinámico parte de una "nube" o surtidor infinito, emisor de un flujo continuo de agua que discurre por canales o tuberías hacia diferentes estanques y cuyo caudal es controlado por válvulas que permiten dirigir el flujo hacia unos u otros estanques. Los niveles de llenado de los estanques ponen en marcha modos de transmisión de la información a través de sensores automáticos u operarios que ordenan la apertura o cierre de las válvulas. Los retardos supondrían desfases de tiempo entre una situación que implica una decisión a tomar y el cumplimiento o efecto de la acción decidida. Por otra parte, variables de distinto tipo o constantes diversas sirven para concretar datos y umbrales de actuación o para influir en la adopción de decisiones que se trasladasn como flujos de información por canales concretos.

 

Previamente a establecer un diagrama de Forrester, que puede ser muy complejo, los analistas de sistemas dinámicos suelen elaborar diagramas causales que relacionan los diferentes elementos mediante criterios de causa-efecto. Estos diagramas incluyen sólo elementos y flechas causales, componiendo una suerte de esqueleto previo al posterior diagrama de Forrester. En esos diagramas causales puede constatarse la presencia de unidades causales funcionales en forma de bucles: los llamados bucles de realimentación, que son la base de la dinámica de sistemas. Veamos en qué consisten.

 

Entre dos elementos relacionados puede existir uno de los dos tipos de relaciones. Las relaciones positivas (+) se dan cuando los dos elementos varían en el mismo sentido, es decir, ambos crecen o decrecen a la vez. Se trata de efectos similares a los de una "bola de nieve" que cae por una ladera: cuanto más abajo la veamos, más volumen tendrá y, consecuentemente, cuanto "menos abajo", menos volumen. Estas relaciones positivas crean "círculos viciosos". Las relaciones negativas (-) son cuando la variación se da en sentido contrario, es decir, si uno crece, el otro decrece; y viceversa. Aparecen, en este caso, efectos del tipo "círculos virtuosos", lo que constituye un sistema de autocontrol.

 

Es interesante comprobar si hay una relación causal (de causa-efecto) directa entre ambas variaciones o si se trata, mas bien, de la consecuencia de una tercera variable o un factor que influye en ambas, aunque, para no complicarnos, no entraremos por ahora en esta cuestión.

 

En estos diagramas causales es posible trabajar con valores cuantificados, aunque puede bastar con una relación simplemente cualitativa, ya que, en muchos casos, el simple signo de la relación es lo verdaderamente importante para el comportamiento del modelo. Una complejidad muy interesante en muchos modelos dinámicos es la posibilidad de trabajar con tipos de relación no lineal.

 

Los bucles de realimentación, que son cadenas cerradas de relaciones, implican varios elementos y constituyen unidades de funcionamiento. El número de elementos implicados en un bucle puede variar a partir de un mínimo de dos. La condición para que aparezcan como tales es que conformen una cadena o círculo cerrado de relaciones (positivas y/o negativas).

 

Si el bucle de realimentación tiene signo positivo y, por tanto, comportamiento desestabilizador, significa que hay un número par de relaciones negativas entre todos los elementos implicados (considerando al 0 como par). El efecto funcional de estos bucles es un reforzamiento de cualquier variación inicial. Originan una constante amplificación de esa variación. Eso supone un comportamiento catastrófico o desestabilizador. Si gobiernan el funcionamiento del sistema, éste continuará creciendo o decreciendo indefinidamente y, probablemente, de forma acelerada. Esto puede verse fácilmente con un ejemplo sencillo:

Partamos de la relación existente entre enfermedad y pobreza en una población humana concreta. En ella, ambos factores están claramente relacionados, ya que la existencia de pobreza hace que se produzcan enfermedades (por carencia alimentaria, por ejemplo), mientras que la existencia de enfermedades provocará una menor capacidad de trabajo de la población en su conjunto y una consiguiente mayor demanda de los pocos recursos existentes, es decir, una mayor pobreza.

 

Estas relaciones causales, expresadas en forma de esquema, son:

 

 
  

Y, en forma de bucle:


 Gráfico 1.3. Bucle de realimentación positiva

 

La dinámica funcional de este sistema implica un incremento de la variación inicial con la que impulsemos el modelo. Por ejemplo: un incremento de la pobreza supondrá un crecimiento de las enfermedades, que incrementarán la pobreza y así, hasta un final explosivo o catastrófico. La inversa también es posible. Si iniciamos el comportamiento del modelo con una reducción de la pobreza, obtendremos una menor tasa de enfermedades y, con ellas, una nueva reducción de la pobreza, etc. (estamos hablando de un modelo hipersimplificado tan solo obernado por este único blucle). Como puede verse, en los bucles positivos, la pauta o variación inicial condiciona todo. Dos sistemas con un mismo bucle pueden llegan a situaciones diametralmente opuestas dependiendo de la situación de variación con las que inicien su comportamiento.

 

Una divertida alegoría de las cadenas causales cerradas, emparentadas con los círculos de retroalimentación positiva, la encontramos en las ingeniosas letras de los "Círculos viciosos" del cantautor Chicho Sánchez Ferlosio:

 

"- Quisiera hacer lo de ayer, pero introduciendo un cambio.

- No metas cambios Hilario, que anda el jefe por ahí.

- ¿Por qué está de jefe?

- Porque va a caballo.

- ¿Por qué va a caballo?

- Porque no se baja

- ¿Por qué no se baja?

- Porque vale mucho

- ¿Y cómo lo sabe?

- Porque está muy claro

- ¿Por qué está tan claro?

- Porque está de jefe.

- ¡Eso mismo fue lo que yo le pregunté!

 

- ¡Yo quiero bailar un son y no me deja Lucía!

- Yo que tú no bailaría, porque está triste Ramón.

- ¿Por qué está tan triste?

- Porque está malito

- ¿Por qué está malito?

- Porque tiene anemia.

- ¿Por qué tiene anemia?

- Porque está muy flaco.

- ¿Por qué está tan flaco?

- Porque come poco.

- ¿Por qué come poco?

- Porque está muy triste.

- ¡Eso mismo fue lo que yo le pregunté!

 

Es evidente que la retroalimentación positiva llevará al pobre Ramón a la tumba y al jefe a ser cada día más jefe, aunque un pequeño cambio inicial en el círculo vicioso podría romper ese comportamiento y volverlo del revés.

 

Los bucles de realimentación negativos, por el contrario, se producen cuando hay un número impar de relaciones negativas en su seno. Por ello, tienden hacia la estabilización o el autocontrol del comportamiento inicial, es decir, a la anulación de las variaciones.

 

Supongamos dos especies, siendo una presa de la otra. Si el número de individuos-presa es alto, el predador los encuentra fácilmente y, por tanto, su población crecerá. Pero, al aumentar los predadores, el aumento de presión sobre la presa llevará a su reducción paulatina. Dicha reducción de presas repercutirá en una posterior reducción de los predadores, lo que conllevará que las presas aumentarán. Por tanto, a mayor número de presas, mayor número de predadores (y a menor número de presas, menor número de predadores): aquí está la relación positiva. Sin embargo, a mayor número de predadores, menor número de presas (o a menor número de predadores, mayor número de presas): esta es la relación negativa. Es decir:

 

                               


  

Y, en el bucle:

Gráfico 1.4. Bucle de realimentación negativa


Este bucle tenderá, probablemente, a la estabilidad, ya que las tendencias iniciales se autocorrigen conforme avanza el tiempo hasta alcanzar un estado de equilibrio en las poblaciones de predador y presa. No sucede así, sin embargo, si la magnitud de los efectos de corrección de las variaciones es muy drástica, ya que puede generar una oscilación creciente y desestabilizadora. Como en el dicho "peor es el remedio que la enfermedad", si las correcciones superan las divergencias, no habrá estabilización.

 

Sobre el comportamiento de estos tipos básicos de bucles existen numerosos condicionantes. Uno de ello es la existencia posible de retardos, ya mencionados. Si hay retardos (como ocurre en la naturaleza en el caso de la relación entre predador y presa), entonces puede no conseguirse el equilibrio o que este se caracterice por una situación de permanente oscilación. Dependerá de la magnitud del retardo, de la cuantificación de las relaciones y de la situación inicial.

 

Utilizando las unidades funcionales representadas por los bucles, es posible diseñar e implementar modelos complejos que simulan el comportamiento de sistemas dinámicos reales. Un ejemplo sencillo, tomado del pionero libro de Javier Aracil sobre este asunto ([18]), nos permite introducirnos en el uso práctico de los sistemas para modelizar un caso sencillo de problema ambiental: el diseñado para estudiar la dinámica de las poblaciones de ballenas sometidas a una presión de capturas humanas. El diagrama causal del que partir puede ser bastante sencillo:

 


Gráfico 1.5 Diagrama causal

 

 El correspondiente diagrama de Forrester quedaría del siguiente modo:

 

Gráfico 1.6. Diagrama de Forrester

 

El modelo presenta una sola ecuación diferencial

 

dP / dt = N - Mn - Mp

 

es decir, la evolución de la población en el tiempo depende del número de nacimientos, del número de muertes naturales y del número de muertes debidas a la actividad pesquera.

 

La simulación del comportamiento del sistema dinámico puede emplear diferentes valores para comprobar la evolución de la población según éstos cambian. Para ello, se puede crear un programa sencillo (hay lenguajes especificamente creados para la dinámica de sistemas, pero también pueden usarse lenguajes convencionales de programación) y "hacerlo correr" con diferentes datos de entrada.

 

Aunque el anterior es un modelo muy sencillo, el grado de complejidad de los modelos de dinámica de sistemas puede complicarse mucho, aunque siempre es fundamental tener claros los objetivos y ámbitos de la simulación.

 

El enfoque sistémico

 

La idea de partir de los sistemas para modelizar e interpretar el mundo supone apostar por una nueva perspectiva o aproximación científica denominada enfoque de sistemas o sistémica. El biólogo Joel de Rosnay sugirió hace ya tiempo una metáfora representativa de este enfoque al idear el término macroscopio (Le macroscope). El macroscopio sería un artilugio -remedo del enfoque de sistemas- que permitiría observar lo complejo y global, al igual que el microscopio sirve para lo pequeño y el detalle. Este artilugio conceptual es, en realidad, una forma de percepción e interpretación. Nacido de la crítica al reduccionismo analítico como forma única de elaborar el conocimiento científico, el enfoque de sistemas busca la aproximación comprensiva de lo complejo a través de la conceptualización de lo global.

 

De forma resumida, la idea central del enfoque sistémico esta expresada en la siguiente frase del biólogo teórico Ludwig von Bertalanffy:

 

La frase aristotélica "El todo es más que la suma de las partes" es, como definición del problema básico de los sistemas, aún válida" ([19])

 

Bertalanffy buscó confrontar su propuesta de una teoría de sistemas con el método resolutivo de Galileo, expresado en la segunda máxima del Discurso sobre el método, de Descartes:

 

"Fragmentar todo problema en tantos elementos simples y separados como sea posible".

 

Más que una alternativa excluyente, el enfoque sistémico se presenta como un compromiso entre el reduccionismo y el holismo ([20]):

 

"El sistemismo adopta de estos dos puntos de vista lo que tienen de más interesante. Del reduccionismo adopta su propensión al análisis y del holismo su tendencia a la síntesis. El método sistémico consiste, por lo tanto, en una adecuada coordinación de análisis y síntesis del sistema objeto de estudio".

 

En el caso concreto del medio ambiente, la visión sistémica no sólo es una forma novedosa y más global de pretender comprenderlo, es, además, una propuesta revolucionaria en el sentido que dio el físico e historiador de la ciencia Thomas S. Kuhn al término revolución científica ([21]), algo que ya sugirió Ludwig von Bertalanffy al presentar su teoría general de los sistemas. La idea de un nuevo paradigma surgido de la aplicación de una visión sistémica fundamenta así la economía ecológica, esa herramienta transdisciplinaria que busca entender la crisis ambiental. Así lo entendió el economista Herman H. Daly, para quien la economía debe ser contemplada como un sistema abierto dentro de otro sistema total -el ecosistema Tierra o Biosfera- que es finito, no creciente y materialmente cerrado.

 

Las consecuencias de aceptar este punto de vista frente al tradicional de la economía neoclásica son de gran alcance.

 

Enfrentar la comprensión e interpretación del medio ambiente desde un enfoque sistémico implica pretender obtener una visión global de lo ambiental sin renunciar a las numerosas aportaciones que el análisis permite. Significa, sobre todo, una llamada de atención ante la incapacidad de abordar satisfactoriamente la conceptualización (y la consiguiente solución a los problemas ambientales ([22]) desde el exclusivo y aislado ámbito de las disciplinas clásicas derivadas del proceso compatimentalizador estanco del saber tradicional. Una nueva y transgresora forma de enfocar y abordar la cuestión ambiental es la que da un mayor interés y un particular estatuto esperanzador a las ciencias ambientales globalizadoras.

 




[1] T. O'Riordan. 1971. Environment management. Progress in Geography 3: 173-231

[2] B. Barcelo i Pons. 1984. Fundamentos conceptuales de la preocupación geográfica por el medio ambiente. Págs 3-20 en: M. Valenzuela (coord.). 1984. Geografía y medio ambiente. MOPU. Madrid.

[3] En: E. Martínez de Pisón. Paisaje y Medio Ambiente. Universidad de Valladolid, 1998.

[4] Ver “Obras y nombres claves en la construcción de la ecología como ciencia. La etapa pionera (1750-1900)” publicado en 2025 en mi blog https://lacuartacultura.blogspot.com/ [https://www.researchgate.net/publication/390056068_Obras_y_nombres_claves_en_la_construccion_de_la_ecologia_como_ciencia_La_etapa_pionera_1750_a_1900]

[5] R. Margalef. 1977. Ecología. Omega. Barcelona. (pág. 2).

[6] F. López Bermúdez. 1984. Geomorfología y medio ambiente. Págs 71-110, en: M. Valenzuela (coord.). 1984. Geografía y medio ambiente. MOPU. Madrid.

[7] L. Jiménez Herrero. 1989. Medio ambiente y desarrollo alternativo. Gestión racional de los recursos para una sociedad perdurable. IEPALA Editorial. Madrid. (pág. 41-42).

[8] Al respecto del campo de las ciencias naturales, ver: J. A. Pascual Trillo. 2004. Revoluciones en las ciencias naturales. Miraguano Ediciones. Madrid.

[9] J. Wagensberg. 1985. Ideas sobre la complejidad del mundo. Tusquets Editores. Barcelona.

[10] M. Gell-Mann. 1995. El Quark y el Jaguar. Aventuras en lo simple y lo complejo. Tusquets Editores. Barcelona.

[11] L. von Bertalanffy. 1976. Teoría General de los Sistemas. FCE. México.

[12] S. Martínez y A. Requena. 1986. Dinámica de Sistemas. Alianza Editorial. Madrid.

[13] J. Aracil. 1986. Máquinas, sistemas y modelos. Tecnos. Madrid.

[14] W. Alvarez. 1998. Tyrannosaurus rex y el cráter de la muerte. Editorial Crítica. Barcelona

[15] D.H. Meadows et al. 1972. Los Límites del crecimiento. Informe al Club de Roma sobre el predicamento de la humanidad. Fondo de Cultura Económica. México

[16] En 1992 y 2004.

[17] Para un análisis de mayor detalle, ver: J.A. Pascual Trillo. 2023. La cuarta cultura. Editorial Popular. Madrid.

[18] J. Aracil. 1978. Introducción a la dinámica de sistemas. Alianza Editorial. Madrid.

[19] L. Bertalanffy. Historia y situación de la teoría general de sistemas. En el libro colectivo: Tendencias en la teoría general de sistemas. Alianza Editorial. 1978.

[20]  J. Aracil. Prólogo a: Dinámica de Sistemas, de Silvio Martínez y Alberto Requena (Op. cit)

[21] T. S. Kuhn. 1975. La estructura de las revoluciones científicas. FCE. México.

[22] J. A. Pascual Trillo. 1998. Los problemas ambientales globales. En: Medio Ambiente y Sociedad. Fondo Editorial de Enseñanza (FEDE): Págs: 47-79. [https://www.academia.edu/73312032/Los_problemas_ambientales_globales]